NOTA DE TAPA

¡Hasta el corralito...siempre!

por Mario Giannotti
redaccion@eltabano.com

Los expertos analistas políticos creen que el 30 de noviembre de 2001 comenzó el derrumbe del sistema financiero argentino. Los grandes bancos extranjeros iniciaron por entonces un agresivo achique de personal. El Río-Santander compró renuncias a 500 bancarios, mientras la Banca del Lavoro despidió a 120 trabajadores. 
Los ahorristas, por su parte, amparados en una altísima tasa de interés, no hacían trinar sus cacerolas contra las narices de los abatidos cajeros y observaban con indiferencia la crisis socioeconómica que afectaba al país. Una tasa anual que llegó a rondar el 24 %, cabe señalar que en los países serios la misma era del 2 %, los paralizó de tal manera que no lograron descifrar los alcances de una ley premonitoria que protegía sus depósitos, ley que en definitiva ofició como detonante para lo que sería luego el decreto nacional 1570, el mal llamado corralito. 
El espectro político coincidía en que había que salir de la convertibilidad, pero pocos presagiaban una salida tan drástica. El 3 de diciembre de 2001 comenzó el calvario para muchos argentinos. Los grandes capitales y el capital ocioso que venía a la Argentina como fondo buitre, ya habían cruzado el océano y el decretazo instaurado por el padre del modelo menemista, Domingo Cavallo, atrapó a los perejiles, entiéndase, medianos y pequeños ahorristas, víctimas que se transformaron con el tiempo en implacables victimarios de los trabajadores bancarios. 
La desmoralización de los bancarios. Para entender la perversidad del corralito financiero basta analizar la relación que se estableció entre ahorristas, bancarios y banqueros. Dialogamos con un grupo de trabajadores pertenecientes a diferentes entidades bancarias, quienes a la distancia, revivieron la etapa más dura de su actividad laboral. "El saldo final del conflicto dejó banqueros enriquecidos, ahorristas frustrados y bancarios destrozados", reflexiona Carlos sobre el epílogo de la charla. José reconoce que los ahorristas fueron tan víctimas como ellos y que su reclamo en definitiva era legal, aunque la convivencia entre ellos fue traumática. 
"Fuimos cómplices involuntarios de un sistema corrupto, los banqueros nos usaron, nos desmoralizaron. Mirábamos para adelante y teníamos a los ahorristas insultándonos, mirábamos para atrás y los gerentes zonales no estaban. Nos dejaron absolutamente solos", sentencia Claudio mientras utiliza la imagen de los soldados argentinos en Malvinas para graficar sus palabras. 
El corralito quebró psicológicamente a los bancarios. Aparecieron las fobias, los miedos, el no querer ir a trabajar, las crisis psiquiátricas y los primeros trabajadores procesados por desobedecer mandamientos de la justicia al negarse a devolver ahorros.
"Los bancarios considerábamos que teníamos un sistema sólido, que le hacíamos bien al país porque dando créditos apostábamos al crecimiento, al desarrollo, éramos respetados, queridos. Esto fue hasta los noventa, después nos dañaron la moral, porque el compañero descubrió que era cómplice involuntario de un sistema perverso y corrupto."
Los banqueros les hicieron creer a muchos empleados que eran los dueños de los bancos, que trabajaban para entidades con respaldo internacional, que las casas matrices responderían ante el menor inconveniente. "Todos los bancos venían con avales importantes, nosotros vendíamos eso y después no podíamos responder ante los reclamos de los clientes. Esta situación te produce como persona una cosa muy esquizofrénica. Quedamos como un trompito bollando, las matrices fueron como un padre que nunca existió", dice Patricia con un dejo de tristeza en su rostro. 
Las malas imitaciones y los malos imitadores duran poco. Cientos de folletos inundaron los bancos alertando a los virulentos ahorristas que hostigaban jornada tras jornada a los trabajadores. El texto era el siguiente: "Señor cliente usted debe ser bien atendido, pero no olvide que: 1) quienes lo atendemos somos empleados, 2) somos usuarios de tarjetas de crédito, 3) nuestros depósitos están en el corralito, 4) desde el 3 de diciembre estamos trabajando 12 horas diarias, dejando a nuestras familias para su atención, 5) no somos responsables de las decisiones del gobierno, 6) sea considerado con quien lo está atendiendo, sólo nos separa el mostrador.
La demanda muy pocas veces fue entendida y atendida por los ahorristas, quienes montados en una impresentable escena mediática embistieron con furia contra todo y contra todos. Acumularon marchas, ganaron prensa y del día a la noche se convirtieron en luchadores sociales, en individuos solidarios y comprometidos con los más necesitados, en defensores de la salud y la educación pública, en detractores del menemato, se transformaron marcha tras marcha en acérrimos enemigos del FMI y la timba financiera.
Todo les fue permitido. En realidad, se les permitió mucho más que a los piqueteros y las organizaciones gremiales. Ante la llamativa pasividad de las fuerzas policiales pudieron agredir a los bancarios, destrozar las fachadas de los bancos, interrumpir el tránsito vehicular, descalificar con autoritaria soberbia a aquellos que no coincidían con la metodología utilizada como protesta, escrachar a personas inocentes, personas tan estafadas por el gobierno nacional como ellos...
Las movilizaciones de los ahorristas marplatenses siempre tuvieron el respaldo incondicional de los medios televisivos. Cada marcha culminaba con un paso de comedia, comedia tragicómica que metía en la misma bolsa el reclamo legal y justo por los depósitos atrapados con los desaparecidos, los amparos con la mortalidad infantil, patrones oligarcas con luchadores sindicales, Nito Artaza con Rodolfo Walsh.... la Biblia y el calefón de la mano por la avenida Luro.
También hubo tiempo para el amor y el compromiso ideológico. Las marchas gestaron apasionados romances, revelaron nuevos candidatos políticos, fueron fuente de inspiración de músicos y escritores que transcribieron al papel la lucha de los manifestantes y promocionaron nuevos personajes mediáticos, muchos dignos de un panel de Mauro Viale.

Quizá la figura emblemática de su líder, el imitador Nito Artaza, sirve para definir y entender el fenómeno. Artaza juró y perjuró que no sería candidato a nada, que encabezaba un reclamo justo, que quería para él y para todos los argentinos una justicia independiente. Claro, luego llegó su transformación radical y su candidatura en el radicalismo, el apoyo a los Jueces de Menem, el amparo, el cobro del dinero, el regreso a las tablas, el ostracismo político, el cartelito no hay mas localidades. 
Tampoco hay más marchas. El compromiso con la causa fue desapareciendo de la mano de los amparos cobrados. La perversidad del sistema financiero una vez más se puso de manifiesto cuando los ahorristas que recuperaban sus depósitos elegían el mismo banco para guardar el dinero. 
Consultamos a uno de los principales referentes de los ahorristas marplatenses para indagar sobre las actividades que desarrollan los mismos en la actualidad. Juan Carlos sólo faltó a dos de las 178 marchas que se realizaron en la ciudad y hoy sigue vinculado con algunos de sus compañeros. "La marcha era la única forma de protestar y no nos sentimos mal porque si nosotros nos hubiéramos quedado en nuestras casas todos tendríamos los bolsillos cargados de bonos. Lamentablemente muchos de los ahorristas quedaron con secuelas sociológicas muy graves." Él coincide con los bancarios al afirmar que "el corralito atrapó a los perejiles, los grandes capitales se fugaron con ayuda de funcionarios y la complicidad de ciertos medios de prensa."
De las multitudinarias movilizaciones apenas queda un minúsculo grupo que se reúne viernes de por medio en un café céntrico, a metros nada más de otro café que supo ser símbolo y punto de partida de cada de una de las protestas. 
El gobierno de Néstor Kirchner no define aún el perfil del sistema financiero argentino, ni que rol deben cumplir los bancos en el marco de una política social que apuntale al crédito, inexistente todavía, como herramienta de crecimiento y reactivación económica. Queda redefinir el papel del Banco Central, jerarquizar una entidad que durante años estuvo ausente en el contralor de los banqueros. Si esta discusión no se instala con seriedad la historia puede repetirse. Banqueros enriquecidos, ahorristas frustrados y bancarios destrozados.
Como reflexión final cabe preguntar quién redimirá el mal ocasionado a tantos bancarios. Qué funcionario responderá por los trabajadores procesados y por los que están con carpeta psiquiátrica. Quién responderá por la salud psíquica de los ahorristas anónimos. Quien hará justicia con los gobernantes que vaciaron el sistema financiero. ¿Dónde están los ahorristas que luchaban por una sociedad justa y solidaria, dónde quedaron sus reclamos revolucionarios y sus pasos de comedia?

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