OPINIONES

MALDITO CORRALITO
POR FERNANDO CUESTA
Secretario Gral. de La Bancaria


No fue el tres de diciembre, sino el primero de diciembre cuando por el Decreto 1.570 con la firma de De la Rúa y Cavallo, se impuso la indisponibilidad de los depósitos del Sistema Financiero. No se precisaba el tiempo, el rumor es que podían ser por 90 días y el lunes 3 de diciembre comenzaban los clientes y la población en general a acercarse cautelosamente a los Bancos. Los bancarios realizábamos un acto de repudio a las puertas del Lavoro donde se había producido un despido incausado y en el Río que por el sistema de retiros voluntarios había disminuido la planilla en 500 trabajadores.
No es menester desarrollar aquí todo lo que vivimos en el inicio de aquella temporada del 2001, pero los argentinos volcaban a los bancos tratando de sacar depósitos acorralados. Interminables horas laboramos atendiendo a un publico que con el correr de los días se vivía más furioso.
Los acontecimientos nacionales también corrían vertiginosos y explotaban en el argentinazo del 19 y 20 de diciembre.
El nombre del corralito financiero lo imponía la jerga popular y daba vida a otra expresión, a otro emergente que fueron los ahorristas, en especial Mar del Plata volvía a ser este motivo mirada en todo el país. En esta misma línea aparecían innumerables Recursos de Amparos, que los cercanos a los 19.000 ponía a nuestra ciudad al tope en este rubro.
Casi en la finalización del 2002 y luego de innumerables luchas nacionales por los puestos de trabajo en distintos bancos, los bancarios de Mar del plata reaccionábamos al ser hospitalizado el compañero del Provincia Juan Lazarte y el 19 de noviembre se paralizaban los Bancos en nuestra ciudad y zona con amplias repercusiones en los medios periodísticos nacionales.
Durante el corriente año la tranquilidad volvió al Sistema Financiero en general, pero mucho dista esto de entenderse como que se ha recuperado y todavía falta definirse distintas incógnitas para que se transforme en la herramienta que sirva para estar al servicio de la reactivación económica.
A nivel nacional a fin de 2001 trabajábamos 104.000 bancarios y hoy la Cámara Empresarial ADEBA reconoce que hoy solo lo hacemos algo mas de 78.000 Bancarios sin trabajo, ahorristas defraudados y banqueros compensados demuestran que el poder sigue siendo el mismo y las variantes de ajuste también.
Los bancarios estamos atados a la reactivación económica y dependemos de ella para mantener nuestros puestos de trabajo. Los argentinos necesitamos que el crédito esté al servicio de los intereses populares.

 

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BATAN
Caravana
de la
Memoria

Un acto-escrache se realizó frente al centro de detención y tortura de la Dictadura Militar Destacamento de Batán. Con el fin de recordar a los desaparecidos que pasaron por ese centro de detención, la conocida Comisaría 8ª. En ese mismo orden, se escracharon a los responsables civiles y militares que actuaron en el secuestro y desaparición de marplatenses.
Este acontecimiento se dio en el marco de la denominada Caravana de la Memoria que viene realizando la agrupación H.I.J.O.S .(Reg. Mar del Plata), redescubriendo los centros de detención, robo, tortura y muerte que funcionaron en la ciudad.
Del mismo participaron distintos organismos de Derechos Humanos, como así también organizaciones sociales y políticas.




FOTOS: MARCELO NUÑEZ
EL SER MARPLATENSE

POR VANESA FEUER
Co-conductora del programa EL PUENTE de Radio Residencias 96.5

Muchas veces me pregunto, cómo harán las distintas sociedades para construir su propia identidad, y qué motivará a los pueblos para comenzar la búsqueda. Y me pregunto, específicamente, qué cosa necesitaremos los marplatenses para definir de una vez por todas nuestra personalidad. Si es que de un problema de identidad se trata la peligrosa anomia social a la que quiero referirme.
Mar del Plata ha conocido en los últimos años las peores miserias de esta realidad: chocamos contra la pobreza, la falta de trabajo, chicos alimentados de la basura y hasta los sin techo -postal típica porteña-, se convirtieron en un paisaje cotidiano en la fachada de los locales céntricos de la ciudad.
Insisto, ¿será esa falta de identidad lo que hace que los excluidos locales sean noticia por un número del INDEC (devolución en cifras de lo que podemos ver con nuestros ojos) y no por el ruido sordo de cacerolas vacías que se escuchan desde el centro hasta la periferia?
La realidad nos atraviesa, y parece que elegimos mirarla por televisión nacional. 
A veces creo que estar tan cerca de Capital Federal nos juega en contra: no somos porteños pero tampoco nos sentimos del interior.
Nos emocionamos hasta el moco con Santiago del Estero, provincia que pese a no haber conocido la democracia- un día se levantó y dijo basta a tantas muertes no esclarecidas, empezando por el doble crimen de La Dársena. A Bahía Blanca le bastaron dos mochileras asesinadas para encontrarse en la plaza y pedir justicia; Catamarca hizo lo propio por María Soledad; Miramar por Natalia. 

Aquí, en Mar del Plata tenemos mas de veinte mujeres asesinadas y desaparecidas y la respuesta es la nada, un silencio que casi nos convierte en cómplices. 
¿Qué nos motivará a los marplatenses para reaccionar.?
Hoy en día, pasados muchos meses de la noticia que impactó desde la tele, seguimos hablando del caso Grassi, la marcha de la investigación y sus consecuencias. Porque el abuso de menores debe de ser uno de los delitos que más indignan a la humanidad, desde Bélgica a los Estados Unidos. Sin embargo, no hay una sociedad marplatense que siga con verdadera preocupación lo ocurrido en Nuestra Señora del Camino. Allí están esos padres y sus chicos, demasiado solos, demasiado huérfanos de la reacción colectiva que de ningún modo debe pasar por una vindicta extrajudicial, cuando bien podría ser un mero y simple reclamo de justicia.
¿Por que será que tropezamos constantemente con nuestras propias contradicciones?. Somos ciudadanos absolutamente solidarios ante catástrofes ocurridas en cualquier lugar del país, nos sensibilizamos con las inundaciones santafecinas y por aquellos que todo lo pierden; lloramos cuando el noticiero desnuda el cuerpo de un chico desnutrido. Pero a la vez, somos los que apuramos el paso cuando las miradas se topan con alguien que duerme en la calle, ese que no necesitó del agua para perder su techo porque fue el sistema quien lo dejó en la lona. Los mismos que protestamos cuando los padres de chicos, acaso tan desnutridos como los tucumanos, quieren recobrar la dignidad y piden poner una feria en el centro de la ciudad (¿de todos?) para exponer lo que hacen a cambio de la dádiva de los planes sociales.
Qué nos faltará para vernos reflejados en el vecino, ese ponerse en el lugar del otro y entender que la realidad no se agota en uno. Quizá a la hora de encontrar excusas que justifiquen por qué todavía no pudimos, repitamos hasta el cansancio que nuestra población aluvional se conforma en buena parte de argentinos que, criados en otras provincias, un día se instalaron en la ciudad en búsqueda de un mejor destino. Será la hora entonces de empezar a hablar de la cantidad de jóvenes marplatenses que emigraron de estas calles y hoy deambulan por el mundo en búsqueda de un presente amigable que saque de la boca el gusto ausente del futuro. 
No debe ser casualidad que nos hayamos convertido en una de las ciudades con mayor desocupación, con mas exiliados económicos, y a la vez con el menor grado de movilización frente al drama.
Volviendo a los exiliados de la ciudad, desgarra ver cómo tanta familia ha quedado cortada por un océano, cuánto padre ausente promete un día volver a unir los pedacitos.
Llamativamente carecemos de espíritu paterno sustituto, para hacernos cargo de reclamar por las mujeres tiradas a la vera de la ruta, para llorar con las madres que vieron partir a sus hijos en Ezeiza, para estar junto a los padres que adolecen del dolor de sus hijos abusados, para tender (o hacer que lo hagan nuestras instituciones) una mano a los que no tienen un hogar que les de cobijo. Hablo de marplatenses, de vecinos. 
Quizá la identidad, podamos encontrarla acompañando a los que, anónimamente y en soledad lloran todos los días en la Mar del Plata que en estos días próximos al verano vuelve a estar superpoblada. Así dicen los diarios. Yo creo que, en lo que hace a los residentes, solo sumamos soledades.

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