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ESCRIBE DANIEL LUJÁN - Ombudsman del Lector
HOY EL PLAGIO
Antes de abocarme a dictaminar sobre las consultas acercadas a este humilde servidor de los lectores, creo pertinente, (por la salud de mi ánimo y el respeto que me merecen) aclarar, que si bien es muy importante, y diría fundamental, el espacio que se me brinda en esta revista, no dispongo del necesario como para poder expedirme en extenso sobre algún tema particular. Sin embargo, puedo bien utilizar estos párrafos para acercarles elementos básicos para tener en cuenta. Hoy el tema elegido es el plagio.
En principio, debo hacer notar una cierta y preocupante psicosis entre lectores y escribientes (digamos mejor escritores), y si la sola idea de existencia del plagio ha preocupado a muchos, las denuncias que se han sucedido últimamente en Mar del Plata, dejan en claro una muy triste estadística: son pocos aquellos que no han participado de este crimen.
El término plagio ha sido incorporado por la Real Academia Española ya en el año 1869, y se define como el hecho de copiar en lo sustancial obras ajenas.
Por un lado me preguntan si se puede copiar obras de otros luego de que hayan pasado cincuenta años de su fallecimiento: le digo a este lector que de ninguna manera. Aún muerto, la palabra sigue siendo más fuerte que el hueso. Esto es así porque los derechos de autor pueden ser ejercidos por los herederos del artista. Entonces fallo: no se puede plagiar bajo ningún concepto, no se pueden tomar obras, frases, ideas, trabajos intelectuales impropios.
Además de conformar un delito de defraudación penalmente reprochable, existe una torpe deshonestidad creativa que provoca el más severo repudio social.
Por otra parte, me preguntan acerca de los límites o los permisos. En efecto, se pueden utilizar pasajes de obras de otros autores para ilustrar un texto propio, o para conocer la opinión de otros. El único requisito es la cita. Se debe, inexorablemente, citar al autor y su obra cuando se transcribe parte de su trabajo.
Este es el único permiso existente en materia de plagio.
Habiéndome expedido acerca de las consultas efectuadas al respecto, debo referirme y darles mi impresión personal sobre el tema. Si bien el mismo Shakespeare basa sus obras en textos ajenos, nada nos indica que esto esté permitido. Lo difícil es establecer ese delgado límite, cuándo verdaderamente se está traspasando los legados o licencias que permiten los autores.
Es cierto que muchas veces nos quedan en la memoria palabras sueltas que hemos leído por ahí. Así, me han preguntando si escribir ésa palabras resultaría ser una copia burda.
A aquellos, les digo que el plagio reviste un instituto mucho más complejo que ello, es un mecanismo muy poco intelectual, carente de toda creatividad, tendiente a valerse del esfuerzo cultural ajeno. Me gusta definirlo más bien, como una actividad parasitaria en vez de un mecanismo.
Pero el plagio merece además carecer del toque personal del autor. Explicándolo un poco mejor, podemos afirmar que existen ideas que son propias de la sociedad, y de las que todos podemos nutrirlos. Lo novedoso comulga en la manera particular en que ése autor capta ésta ideas preexistentes, y las presenta con su sello personal.
Es decir que, para que una obra sea considerada original debe contener signos de novedad.
Sobre éste tema en particular he escrito un ensayo titulado “La plaga del plagio” y lo ofrezco a quienes les interese averiguar más sobre esto.
No siendo para más los saludo hasta la próxima.
DANIEL LUJAN
OMBUDSMAN DEL LECTOR
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