HOMELESS por Carlos Walker y Matías Lescano

Son “Homeless” en Estados Unidos, “clochard” y “sans domicile fixe” en Francia, “indigentes” en México, “sin techo” en Sudamérica. Son los más marginados, quienes tienen a la calle por único domicilio. “Los desaparecidos sociales” con este termino los adjetiva el Lic. Alfredo Moffatt, lo utiliza en referencia a aquellas personas que son negadas, que son invisibles para una sociedad que los cosifica, que no encuentra para ellos otra solución que el encierro o el abandono.
En los últimos tiempos el número de personas que duermen en las calles marplatenses se ha multiplicado. EL TÁBANO accedió a un informe elaborado por Cáritas Argentinas, que revela que en nuestra ciudad hay 700 personas en condición de riesgo de ser consideradas homeless, a corto plazo. En la actualidad son 270 individuos que al caer el sol entre los recovecos urbanos de Mar del Plata, buscan abrigo y protección. La mayoría vinieron del interior con promesas de un trabajo digno y estable, que no han encontrado.
Las condiciones de vida que presentan son desesperantes y ante esto resulta muy pobre lo que se realiza desde el Gobierno Municipal. Sólo la ayuda y solidaridad de los grupos de voluntarios parecen calmar un poco esta situación. En tal sentido, la Comuna no posee datos que revelen la magnitud de la problemática de los sin techo. Sin embargo, fuentes fidedignas, tanto del Municipio como del Hospital Interzonal General de Agudos, confiaron a este medio que durante el invierno del corriente año, muchas personas encontraron la muerte, por estar “en situación de calle”. Actualmente, en el HIGA habría 10 personas internadas por diferentes problemáticas de vivir en la vía publica. “Es gente que no tiene donde dormir” remarca el Oficial Inspector Diego Campigli, encargado del Destacamento policial del nosocomio.



UN HOMELESS EN “LA FELIZ” 
Entrada la noche, EL TÁBANO recorrió las calles marplatenses y constató que los sitios habituales donde pernoctan los homeless, a la intemperie son: Plaza San Martín, sobre las entradas de las calles La Rioja y San Martín del Municipio, en la Rambla, en las inmediaciones del CEF Nº 1, en los alrededores de la Catedral, en torno al Polideportivo, en las galerías de la peatonal San Martín y de la Avenida Luro, en la estación de tren, en las vías, en la terminal de ómnibus, en diversos locales abandonados en donde puedan ingresar y cuando se los permiten en los Hospitales Regional y Materno Infantil.
Dormir en la calle no permite la vida en familia, ni el retiro necesario para encontrarse con uno mismo, no alivia del calor, no permite escaparse del frío, ni de la lluvia, se carece de los medios indispensables para la propia higiene. Es el modo de vida del animal abandonado, es la forma más baja de la vida humana. El nomadismo impuesto por la marginación social, a que es sometida la población de los “vagabundos” junto con otros factores, provoca que no se sientan pertenecientes a la comunidad, sino fuera de ella.
Cada uno de estos individuos lleva detrás una historia de vida triste y llena de frustraciones, por tal motivo muchos de ellos eligen el camino del alcohol para olvidar o para poder dormir, para simplemente no recordar. 
“Durmiendo en la calle no sabes si te vas a despertar con vida a la mañana siguiente o si te roban todo y terminas descalzo como me paso a mi” afirma Oscar de 54 años, desocupado y con problemas en la vista. Antes dormía en el ingreso de un local, en Bolívar y Güemes, pero por denuncias de vecinos la policía lo “sacó”. 
Adrián de 30 años llegó de La Plata hace medio año y desde entonces vive en la calle. "Dormimos en la estación de trenes. Somos cinco, no tenemos nada. Queremos trabajar pero nadie nos da laburo por el sólo hecho de ser de la calle y tener un aspecto malo. La policía nos lleva si estamos cuidando un auto. Nosotros no robamos. Queremos sobrevivir. Buscamos tener nuestra plata para comprarnos la comida y la ropa” comenta con tristeza.
"En la calle, en el invierno sufrís mucho, no sólo por el frío. En el verano hay mucha más gente en la calle, vienen de otras ciudades a pedir plata a los turistas. Después, ellos se van y nos quedamos nosotros a pasar el invierno. La gente ayuda más en el verano" dice Sebastián de 27 años que duerme en la Rambla, pero sabe que cuando comience la temporada tendrá que irse de ese lugar :"la policía no quiere que estemos ahí" explica.



AUSENTE SIN AVISO
Ante esta situación que atraviesan muchos sujetos, y que al calor de la crisis crece exponencialmente, se podría decir que el Estado municipal ofrece como política una indiferencia marcada.
La Directora de Promoción Social y Comunitaria de la Comuna, Maria Elena Kirincich en dialogo con EL TÁBANO admitió que desde el Municipio “no se esta haciendo todo lo que correspondería hacer” con los sin techo. Sin embargo, explicó que se ha finalizado la primera parte de un proyecto llamado “Formación de Operadores para atención de personas en situación de calle”. Se trata de un Programa de la Comunidad Europea con la asistencia de 50 mil pesos. “La primera actividad fue un intercambio de experiencias que sirvió para evaluar propuestas de otras ciudades. La mayoría exitosas pero con un altísimo costo de inversión” explica la funcionaria y agrega “la idea es generar algo en Mar del Plata, seguramente no va a resolver la situación de los sin techo. Por ahora, estamos trabajando en algunas cuestiones mínimas de cobertura. Por ejemplo, comida o al ser nuestra ciudad un lugar que convoca mucha gente, el municipio gasta “fortunas” en pasajes de vuelta al lugar de origen.
Kirincich a la hora de buscar soluciones especifica “este tipo de cuestiones hay que trabajarlas en coordinación con la sociedad civil, porque es mucho más fácil de sostener, hay mucha gente comprometida” aunque ella asevera “el compromiso de la sociedad aparece más por una molestia que por resolver el problema del sin techo”. Al mismo tiempo, asegura que sería muy oneroso para el Estado tener un lugar de contención para estas personas. Aunque, funcionan dos hogares de ancianos municipales, donde se alberga 170 abuelos. “De no existir estos sitios quizás también estarían en la calle” manifiesta.
En cambio, hay otros casos que no necesitan de las instituciones para subsistir. 
Rubén, un homeless de edad avanzada, había armado una red de comerciantes de la Rambla y la Peatonal, con lo que le otorgaban los vecinos cubrió sus necesidades durante años. No obstante, el frío pudo más y Rubén falleció este invierno.


(Nota Completa en la Edición Gráfica)

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