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| SER GAY EN MAR DEL PLATA (2ª Parte) NO ESTABA TODO DICHO
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PRIMER CASAMIENTO GAY EN LA CIUDAD ![]() |
Iván y Carlos serán los primeros gays marplatenses en unirse para toda la vida bendecidos por la Iglesia Metropolitana de Buenos Aires, una entidad cristiana dirigida por dos curas homosexuales. En cuanto uno de los sacerdotes (que llevan a cabo esta ceremonia) pueda viajar a Mar del Plata, ellos se convertirán en matrimonio. Carlos, el más joven de la pareja, explica que han tomado esta decisión porque ambos se reconocen hijos de Dios y quieren plantearle a Él su relación. |
Atento a la importante repercusión que tuvo el informe sobre homosexualidad que El TÁBANO publicó en su última edición, ahora Iván - otro gay marplatense - tiene la palabra. Él asume su condición sin ningún tipo de conflicto ya que conoce la mejor manera de llevarse bien con esta sociedad. En esta nueva entrega explica cuál es la clave para ser gay y no sufrir discriminación. También, reconoce que existe una fuerte autodiscrimación que sólo supera cada uno a su tiempo y que permite alcanzar una vida plena.
Además, Iván ha vivido una historia digna de ser contada: estuvo estudiando en una orden franciscana por diez años, la abandonó y hoy tiene una vida muy feliz junto a Carlos, su pareja. Tanto es así que pronto se casarán (ver cuadro).
Iván tiene 32 años y desde muy chiquito tuvo una fuerte vocación de servicio por la comunidad que se potenció al conocer la historia de San Francisco de Asís quien, desde entonces, se convirtió en su ídolo. "Él era una persona profundamente misericordiosa, un tipo normal que se brindó a los demás sin exigir nada", enfatiza.
La religiosidad
Cierto es que Iván siempre sospechó que era homosexual. En la Iglesia, además de poder desarrollar su vocación de servicio, encontró una escapatoria para no enfrentar a sus sentimientos que - según dice - la sociedad de entonces consideraba anormales. Y así vivió hasta que la atracción que él tiene por los hombres le pesó tanto que tuvo que irse de la Iglesia. Vale aclarar que el detonante de esta decisión fue un conflicto que tuvo con la máxima autoridad eclesiástica local de entonces.
Ése es el momento en el que cambia su historia. Empieza a trabajar en una peluquería en la que, luego de un tiempo, encuentra a la persona con la que cumplirá pronto cinco años de noviazgo.
Ahora Iván es feliz y respecto de su religiosidad dice que la vive de un modo muy simple al que defiende así: "Cristo vino y murió el la cruz para salvarnos del pecado y para brindar amor, yo lo que siento por mi pareja es amor y si para alguno, eso es pecado, lo siento". Luego, añade: "mi salvación pasa por mi relación con Cristo como hijo y no porque me acueste con una mina o un tipo".
Esta reflexión lo lleva a afirmar que hay gente de la Iglesia que comete "verdaderos" pecados. En este sentido, cita como ejemplo los escándalos sexuales que han protagonizado sacerdotes quienes no se animaron a reconocer su condición y dejar de pregonar algo en lo que no creían.
La discriminación
En una extensísima charla, Iván habló de todo pero hubo un tema que fue central, y sobre el que opinaron su pareja y un amigo (Daniel), es respecto de la discriminación. Ellos aseguran que la cuestión pasa por el respeto que se tenga a la sociedad. Dicen que en el ambiente homosexual hay una gran división entre los que son hombres atraídos por hombres y los que ellos llaman "mariquitas plumíferas", personas demasiado afeminadas que molestan a los heterosexuales.
"Yo tengo una muy buena relación con la sociedad marplatense porque los respeto", dice y ejemplifica: "yo he ido de la mano o abrazado con mi pareja por la calle y nunca nadie me dijo nada, nunca recibí ningún agravio". "El problema es esa mitad de la comunidad homosexual que los molesta", insiste.
Para Daniel, el tema pasa por la educación ya que considera una obviedad que las personas que tienen más cultura, menos discriminan. Por lo tanto, en el caso de que alguien lo haga, es válido desestimarlo. Èl no se siente para nada discriminado.
Otro tema fundamental es el de la autodiscriminación. "Yo cuando me reconocí homosexual nunca me escondí aunque hay gente que si lo hace" y cita el caso de alguien que hizo "el click" de grande, mucho después que lo "normal". "Yo tengo un amigo que ya muy grande no quería que nadie de su trabajo supiera que era gay porque era profesor, hasta que - pasados los cuarenta - su pareja lo convenció de que hablara con su directora quien le dijo que ya sabían y que no había ningún problema mientras que mantenga las mismas limitaciones que tiene que tener cualquier heterosexual". Así Iván demuestra como lo mejor es animarse, mostrarse tal cual es y respetar a los demás.
Defender sus derechos
A Iván no le parece tan necesario que haya una entidad que defienda sus derechos en la ciudad porque dice que las cosas se van dando solas. Al tocar el caso concreto de la adopción, es claro "no hay que preocuparse, ya lo van a aceptar, es una discriminación que se hace sin ningún fundamento". Él está convencido de que con el tiempo lo van a entender solos. "Ya no da la historia para que sigan pensando que no podemos, van a ver", concluye con total seguridad.
La diversidad de opiniones que surgen en torno al tema de la homosexualidad en la ciudad demuestra cuán importante es conocer a los distintos círculos - cerrados o no - que la habitan. Quedará entonces en manos de los protagonistas dejar que las cosas sigan su curso y logren que todos sus derechos sean respetados siempre - como dice Iván - "respetando a los demás".
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