EDITORIAL
DUOPOLIO

Archívese. Este es el sello que quisieran ver algunos concejales, en los expedientes que se refieren a las modificaciones a la ordenanza que regula el uso del espacio aéreo y subterráneo de la ciudad. 
Las supuestas presiones de los dueños de la televisión por cable de Mar del Plata, La Capital y Multicanal quizás deben meter miedo a la hora de legislar por el bien común. 
La situación obligó a tomar partido a escasas instituciones marplatenses, la más relevante fue hace más de un año cuando la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica se animó a elevar su propia nota al Concejo apoyando “todo emprendimiento que evite los abusos consecuencia de situaciones monopólicas y que permita a las empresas y residentes optar entre alternativas en función de la relación precio-calidad”. Luego fueron pocas las voces.
El castigo a tamaña irreverencia podría confinar a cualquier organismo “rebelde” a publicar sus informes por medio de pegatinas o volantes ya que posiblemente sería sentenciado al más cruel de los ostracismos en los canales locales de cable, las radios AM y en el diario que oficia de Boletín Oficial del poder local. Una Concejal “insurrecta” vio como nunca más su nombre fue moldeado en los tipos de ese diario, por ejemplo.
Hoy por hoy, cualquier empresa de televisión cerrada que pretenda instalarse deberá competir en condiciones de inferioridad, ya que la inversión a realizar para sumergir sus cables en los baldosones de la ciudad tiene una diferencia del 500% en relación al sistema aéreo, ventaja clara de esas dos empresas, que podrán continuar con el anti-urbanístico e inseguro tendido aéreo hasta el año 2014. 

Pero más allá del fenomenal negocio que significa repartirse una ciudad como esta entre solo dos operadores de cable, hay que hacer una extracción de lo que ello representa. Por tratarse de empresas que además de entretener, informan masivamente, ya que son parte de múltiples medios, pueden llegar a manipular la información en beneficio de sus propios intereses. Ahí es cuando el tema se torna más delicado aún. Esa propiedad monopólica de la información está de alguna manera condicionando la discusión y el debate en la ciudad.

En Septiembre del año pasado, justamente por este tema “La Sociedad Civil y los medios de Comunicación” treinta y tres expertos comunicadores de todo el mundo, se reunieron en Bali, Indonesia y llegaron a una triste conclusión, no por ello desconocida: Los principales enemigos de la libertad de expresión son el miedo y la concentración informativa.
Es decir la concentración mediática se ha transformado en un poder en sí mismo al que rinden pleitesía todos los otros poderes, poniendo en riesgo incluso la continuidad republicana. 
Al respecto el Director del prestigioso periódico Le Nouvel Observateur , Jean Daniel escribió no hace mucho que “el informador fue desplazado por el comunicador y por un consumidor-televidente que a su vez suprimió al ciudadano”. Si el ojo avizor de Daniel se posaba en el Norte para hacer esa reflexión, que nos quedará entonces para este rincón del planeta de largas playas junto al Atlántico. 

Vale decir y ya volviendo a los expedientes que hoy quieren archivar, cuanto mayor sea la falta de normas claras y transparentes -sin influencias “non sanctas”, según pusieron algunos concejales en una fundamentación en referencia al cableado- mayor será entonces la libertad de hacer o deshacer al antojo de los monopolios informativos de la ciudad. La mejor prueba de ello es la actual Ley de Radiodifusión que se sostiene desde la época de la dictadura y ningún gobierno democrático se animó a remendar porque los grandes multimedios prefieren que no haya regulación. El zorro libre en el gallinero.
Un filósofo y profesor de Ética, (no te asustes, este es de verdad), Hugo Aznar, advirtió sobre la extraña paradoja “de que los medios disponen de un enorme poder y una gran libertad, es decir una llamativa ausencia de los controles y regulaciones que encontramos en otras actividades e instituciones igualmente poderosas e influyentes de nuestra sociedad”. 
Cualquier empresa se puede presentar para construir una red de gas o de cloaca, solo debe cumplir ciertos condicionamientos técnicos y ofrecer una buena oferta para que los frentistas decidan. Luego el trámite administrativo.
En la televisión por cable no es así, el desorden privilegia ,por ahora, a dos poderosos. 
Desarchívese. 


CARLOS R. VAZQUEZ
Director

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