Mayo de 2005

CULTURA POPULAR

MURGAS:
LA FIESTA DE LA NO FIESTA


Para muchos un reclamo expresado en apasionada fiesta, para algunos una pesadilla, y para otros una ensordecedora e imprevista interrupción de lo cotidiano. Lo cierto, o lo destacable del asunto, es que estos auténticos combos artísticos (percusión musical, canciones, baile, vestimenta, maquillaje) no constituyen una experiencia estética per se, sino que la forma tiene su razón de ser en el contenido y viceversa. De algún modo se trasluce eso de “el medio es el mensaje”. Un reclamo social, una cruzada solidaria, un escrache, una movilización, tienen otra llegada con el batifondo sonoro y el collage visual de la murga.

La prédica murguera sondea en varias direcciones. Hay un contradestinatario claro, un “ellos” a quienes se les reclama, se les cuestiona, literalmente con bombos y platillos; hay un prodestinatario, un “nosotros” a quienes hacer el aguante, prestar voz, movimiento y banda sonora; y entre medio hay paradestinarios, seres de a pie, testigos a quienes presentarse en sociedad “oportunamente inoportunos”, e imponerles en su agenda ciertos asuntos anestesiadamente olvidados. Etimológicamente “dar murga” significa “importunar”. En esa idea de “molestia”, la aclamada Enciclopedia Salvat (Ed. 1978) definió sarcásticamente a la murga como una “compañía de músicos malos, que toca a las puertas de las casas acomodadas, con la esperanza de recibir algún obsequio.”
En Mar del Plata, coinciden los entendidos, hay como mínimo quince murgas. Todas, en mayor o menor grado, están ideológicamente comprometidas con las causas de los más necesitados: quienes carecen de techo, ropa, comida o trabajo, o quienes reclaman justicia o condenan las distintas violaciones a los derechos humanos (recientes o del último período militar).
En declaraciones a EL TÁBANO, el Benja, uno de los responsables de Los Murguientos, explicó que “estar en una murga es también estar haciendo política, voy a divertirme pero sé que estoy haciendo política, y hay que hacer un laburo personal para saber dónde está uno parado”.
Para Fede, director de La Venganza de Los Pobres, la murga “si bien tiene su estética, tiene que dejar algo: me gustó o no me gustó, pero me dejó algo”.
En Capital Federal cada murga está relacionada con cada barrio porteño, sin embargo en Mar del Plata no rige ese federalismo urbano. “Lo que nos define como murga es ser marplatenses”, dijo Fede a EL TÁBANO. “No hay un estilo definido debido a la conformación misma de la ciudad y al turismo”.

El “decir” murguero

Como diría Alfredo Casero, la murga “no es pa' cualquiera”. A veces suele desdoblarse esa dualidad artístico-circense, por un lado, y la postura ideológica, por otro. “Hay una bajada que fuimos construyendo entre todos, pero hubo gente que no quería tener nada que ver, que se borró de eso”, explica Benja. Y agrega Fede: “La primera reacción de la murga fue chocante apenas apareció, porque la murga canta y dice. Y el decir a mucha gente le molesta. En el Jubileo de la Iglesia, en un congreso de jóvenes, a muchos no les gustó lo que cantábamos. También nos pasó que nos corten el sonido. La conciencia del marplatense está más pegada a la comparsa brasilera, a ver una chica bailando y se acabó”. 
Sin embargo, eso no quita que haya gente de todas las edades. Dice Benja: “No solamente vienen los pendejos que tienen un imaginario con muchos simbolismos, sino gente grande que nunca fue escuchada. Hay un caso de un hombre de 50 años que nunca había salido de Mar del Plata, y la primera vez fue con la murga”. 
Para los más jóvenes, la bajada de línea combativa (“zurdaje” como se dice en la tele) significó un ingreso forzoso a los últimos 30 años de nuestra historia. Las murgas, por ejemplo, aparecen en escena todos los 24 de Marzo en repudio al golpe militar de 1976. “Había un montón de pibes que no tenían ni idea para qué íbamos, y un montón de padres que se asustaron. Tuvimos que buscar algunas soluciones”, explica Benja. Así fue como en el seno de Los Murguientos se organizaron charlas con temas puntuales, con Abuelas de Plaza de Mayo, representantes de HIJOS y del Juicio Por La Verdad. “Hicimos otra por Malvinas, otra por el Che Guevara. Fuimos solucionando algunos temas así”. 
El director de La Venganza de Los Pobres vivió situaciones similares. “Participamos en Teatro Por La Identidad y llevamos a toda la murga a ver las actuaciones. Chicos entre 15 y 16 años nos preguntaban si era verdad lo que mostraban esas obras. ¡Qué grosa la función de la murga de mostrar eso a un chico! También nos ha pasado de gente que se ha ido de la murga porque no estaba de acuerdo en participar en el 24 de Marzo. Por ejemplo, teníamos dos hijas de padres militares”. 
En lo artístico, la murga es percibida como un espacio de mucha participación, que no discrimina, y que no propone dificultosas destrezas corporales. “Podes incorporarte a una murga y ahí mismo estás aprendiendo y haciendo”, explica el referente de Los Murguientos. “Hay mecanismos de transferencia de conocimiento: entras a la murga y te pones en la última fila e imitas al tipo que está adelante. También hay una cuestión muy teatral, se ha incorporado en esta última etapa el malabar”.
Pero tampoco se descuidan algunas cuestiones técnicas, especialmente cuando la murga ya tiene cierta trayectoria. Dice Fede: “Hay una directora de escenario que arregla las voces, porque una murga tiene que transmitir algo, se tiene que entender, y si afina, mejor. Nosotros agarramos una canción conocida y le ponemos otra letra”. 

El Gran Mar del Plata
A esta altura cabe preguntarse ¿cómo encaja la identidad marplatense con la murga?
Benja: “Desde los desocupados se le está dando un nueva identidad a Mar del Plata. Tanta desocupación, tanta deserción escolar y tanta pobreza han destruido el eslogan de Ciudad Feliz. Alrededor de la ciudad se fue formando ese cinturón que va a ser el Gran Mar del Plata. Tengo la esperanza de que se construya una cosa más genuina desde la decepción. ¿Y cómo se hace real eso? Desde un montón de expresiones aisladas que hay: teatro independiente, centros culturales, las expresiones off. Es muy jodido porque es un lugar cosmopolita, siempre se luchó contra eso, siempre se quiso dar una identidad marplatense y en realidad era un rejunte de gente que vino y paró acá”.

Se podría inferir que el crecimiento de la murga viene de la mano de un notable descontento social in crescendo desde los años 90. Después de su apogeo en las décadas del 40' y del 50', la murga se ha tenido que ir templando al compás de los tiempos, dictadura, democracia y pos modernidad mediante. Tal vez cabe preguntarse si algún día llegará a ser la fiesta de todos (o sea T-O-D-O-S sin excepción), o si su aumento cuantitativo es sólo una analogía matemática de más desocupación, más pobreza, más marginalidad...

La Fiesta. Benja: “Además de pedir por salud, educación y trabajo, nosotros pedimos por la fiesta. Reinstalamos el carnaval, una fiesta que nos parece que es genuina, en contraposición también a una fiesta impuesta como puede ser la de halloween, que es algo que no nos nombra. Pero con los carnavales hay un inconsciente colectivo, aunque uno nunca haya estado. Hay una cosa que viene del relato, no sé de dónde...”

Autogestión. Fede: “Somos autogestionados. Generamos lo que necesitamos para funcionar con actuaciones en casamientos, fiestas de quince, gorra durante todo el verano y teatros. Y cobramos. Le cobramos al que puede pagar. En verano hicimos una promoción para Lotería de la Provincia y cobramos una plata que después invertimos en viajar a Capital”. 

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