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DESDE ASUNCIÓN Y CROMAÑON A MAR DEL PLATA
Super Riesgosos
“Te propongo que hagas el siguiente ejercicio mental andá a un supermercado y sitúate en el medio de toda la gente e imaginate que en ese momento se produce un incendio. Buscá a algún empleado del lugar que te indique cómo tenés que proceder o intentá buscar algún matafuego o salida de emergencia. Después me contás...” esta fue la inquietud con cierto grado de preocupación del empleado de un hipermercado de nuestra ciudad.
Mar del Plata cuenta con numerosos supermercados que son visitados diariamente por miles de personas, por lo que resulta imprescindible indagar acerca de las herramientas de las que disponen para afrontar situaciones imprevistas, de emergencias y de catástrofes y cómo actúa el Estado para controlarlas.
El potencial riesgo de incendio u otros siniestros en los establecimientos comerciales exige un seguimiento constante por parte del Municipio para evitar que ocurran hechos similares a los acontecidos el año pasado en un supermercado de Asunción del Paraguay, en el que la falta de previsión, la negligencia y la falta de criterio de las personas responsables tuvieron como saldo fatal cientos de víctimas. Un fiel reflejó de lo ocurrido en la reciente tragedia de República Cromañon.
Caso testigo. A comienzos de este año, un voraz incendio destruyó gran parte de las instalaciones de la sucursal lugareña de la cadena Plaza Vea, dejando un saldo de 16 bomberos afectados, cinco de los cuales tuvieron que ser internados. Los bomberos afirmaron que se detectaron fallas en el sistema de seguridad del local.
Las tareas para controlar el fuego no fueron fáciles. Según afirmaron algunos de los efectivos destacados en el lugar, las tomas de agua estaban tapadas, algunos elementos contraincendios no eran aptos y las luces de emergencia no fueron útiles para los bomberos. Al momento de desatarse las llamas, el establecimiento todavía no había abierto sus puertas al público, por lo que los pocos empleados que trabajaban en el primer turno pudieron salir por sus propios medios. No obstante, varios bomberos le confiaron a este medio que si el supermercado hubiese estado con mucha gente, la historia pudo haber sido diferente y tal vez terminaba en tragedia.
El peligro del silencio. EL TÁBANO dialogó con empleados de pequeños y grandes supermercados de la ciudad. Todos coincidieron en demostrar su temor al hablar debido a sufrir sanciones o el propio despido, pero no dudaron en señalar rotundamente que “los empresarios en su afán de reducir costos no les interesa la reducción de riesgo del lugar”. Tanto sea de los trabajadores como de los clientes.
Las irregularidades son manifiestas. Las anormalidades se observan a simple vista como las ofertas de precio del día.
En casi todos los súper, las salidas de emergencia brillan por su ausencia y las que hay son las que se usan para descargar mercadería pero con el agravante que la mayoría tienen persianas que funcionan con electricidad, y es sabido que ante un incendio lo primero que se corta es la luz. En muchas ocasiones estas salidas se encuentran cerradas y solo el gerente tienen la llave. Incluso, muchos supermercados tienen varias entradas pero sólo una salida. Las mangueras hidratantes también funcionan con electricidad.
Los famosos springlers que vemos en las películas cuando los malos le acercan un fósforo para inundar el lugar, esos rociadores en el techo que trabajan por la acción del calor y que son obligatorios, directamente no existen en ningún lado.
En varios casos, no hay la cantidad exigida de matafuegos y los que están se encuentran vencidos o tapados por la mercadería lo que hace difícil ubicarlos rápidamente ante una urgencia. Además las estibas de mercaderías tienen una altura indebida, faltan las marcaciones de lugares peligrosos y señalización de puertas de emergencia, pasillos sin las medidas correspondientes, escaleras sin barandas y altillos no aptos, la mayoría de los locales tienen rejas convirtiéndose en una trampa mortal, reminiscencias quizás de la época de los saqueos.
Los simulacros de emergencia no se realizan, salvo cuando ocurrió lo de Paraguay. En ese momento hubo un esporádico ataque de nervios de los gerentes de las sucursales para reforzar las medidas de seguridad. Dos anécdotas muestran la desidia e improvisación sobre este problema.
En esos días se realizó un simulacro de incendios en un supermercado céntrico. Del operativo solo participaron los empleados, ya que todo se efectuó a primera hora. El resultado final: dos trabajadores que de haber sido todo real hubieran terminado quemados o muertos. Uno estaba en el baño y otro estaba en el depósito de mercaderías. Ni se dieron por enterados de lo que estaba ocurriendo afuera.
Mientras que en otra cadena de supermercados, también en esa fecha, se les brindó a los empleados una charla a cargo de un especialista. La explicación duró menos de media hora ya que debía abrir el hipermercado. “No hubo tiempo ni para hacer preguntas. Con total improvisación este hombre armó una brigada de incendios integrada por cuatro empleados voluntarios. Que no tenían idea de nada, y deben ser los primeros a la hora de correr si se produce un incendio” relató un testigo, de la tragicómica situación a este medio.
En tal sentido, a una persona que ingresa a trabajar a uno de estos sitios comerciales no se le da un curso de primeros auxilios y en varios locales no hay ni siquiera un botiquín de emergencia.
Que vengan los bomberos. Inexplicablemente, las inspecciones y controles de los supermercados por una ordenanza vigente solo las realiza el área de Inspección General del Municipio. Los bomberos no tienen ingerencia directa como en los espectáculos públicos o boliches regidos por una Ley Provincial. En definitiva, los bomberos tienen el simple rol de "apagafuegos", ignorando los esfuerzos del sistema por capacitarse profesionalmente para proteger a la comunidad. Obviamente, nada puede impedir que siga habiendo siniestros, pero muchos de éstos se pueden prevenir o, en todo caso, minimizar los daños.
“No somos ente de aplicación. En los supermercados actuamos mediante requerimiento de la Municipalidad en caso que ella lo considere conveniente” explicaron a EL TÁBANO, el Oficial Inspector Pablo Polarolo y el Sargento Primero Daniel Fuentes, ambos integrantes del Departamento de Bomberos local.
Pero advirtieron que “hay supermercados de larga data que se encuentran en la ciudad de Mar del Plata y posiblemente tengan que adecuarse más, tengamos que solicitarles más cosas, más medidas de salida y se pueden aplicar otros sistemas de extinción”.
Esta revista pudo averiguar que varios súper e hipermercados no contarían con la inspección de bomberos ni con la habilitación municipal correspondiente.
Protección . A las pocas horas del incendio en el supermercado Plaza Vea, el titular de Inspección General, Claudio Gómez, le dijo a grabador, cámara y micrófono que se le ponía por delante que “el control en los supermercados es eficiente” y que “la gran mayoría están habilitados”. Pero ¿A qué se debe que no todos los súper estarían inspeccionados por bomberos? ¿Acaso no son los que más entienden del tema? ¿Por qué alguna “minoría” de supermercados no está habilitada municipalmente? “Los supermercados le dan laburo a mucha gente no podemos ser muy exigentes, sino nos amenazan que van a despedir personal y por el preocupante número de desocupación que hay en nuestra ciudad, no nos podemos dar ese lujo” afirmó una fuente confiable de la municipalidad.
“Acá hay muchos intereses en juego, por eso nadie controla y denuncia nada” explicó uno de los empleados y para agregar “incluso a nosotros -los trabajadores- no nos proveen de guantes, cascos, zapatos, y esto es una obligación de la empresa pero no lo hacen. Tampoco se respeta la jornada laboral, lo que produce agotamiento. Esto también es parte de la seguridad” indicó otra empleada a este medio e ironizó “lo único que tienen muchos supermercados con respecto a la seguridad es el cartelito verde de la única puerta de salida”.
Más vale prevenir. Las gravísimas irregularidades en la prevención de siniestros en la mayoría de los supermercados locales son preocupantes. Ante las anomalías mencionadas parece ser que no existe una revisión de las normas de seguridad, ni un efectivo control del cumplimiento de las mismas. No existen políticas claras ni en la prevención ni en la intervención ante siniestros de magnitud. Por estos lados no estamos tan lejos de Paraguay ni de Cromañon.
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