Septiembre de 2004


SUPLEMENTO DE ARTE & CULTURA

A REIR QUE 
SE ACABA EL MUNDO
Por Pablo Piacente

sublevarte@eltabano.com


''Beto'' Mena es marplatense, humorista y periodista. Aquí explica cómo es hacer humor en una ciudad que dejó de ser feliz hace rato.

Es común que desde la gestión de la cultura oficial se menosprecie al humor, se lo considere como algo menor, quizás banal. Pero es tan importante el placer de la risa como el gusto por la música o la literatura, porque nos ayuda a vivir, a encontrarle la vuelta a la locura diaria. 
''Beto'' Mena es un humorista marplatense que intenta sacarle el almidón a la realidad, siempre tan pesada. Porque ''el humor hoy es una vía de escape de la mierda circundante, de las presiones, de los miedos. Por eso el 80% de los espectáculos que triunfan son de humor, quizás la gente ya tiene bastante drama en el día a día'', expresa.
Con respecto a la actividad humorística en Mar del Plata, Mena indicó que ''hay diferentes estilos, no se si existe un movimiento, pero sí gente que hace cosas distintas, y eso está bueno. Yo respeto mucho a tipos como Carlos Román o Roberto Mariscal, me parece que hay calidad y variedad. Existe un mago y humorista, por ejemplo, Mister Antony, que hace un trabajo estupendo y novedoso''.
Sin embargo, también se encuentran las limitaciones que en Mar del Plata son palpables en casi todos los ámbitos. ''Es difícil Mar del Plata para el propio artista marplatense, para el que trabaja todo el año. El circuito está limitado económicamente y no te deja crecer. Las opciones se agotan rápidamente, por eso el que triunfa se vá rápido. Un caso es Sergio Gonal. Y en verano sucede que el comerciante siempre gana más que el artista'', opinó.
LA CULTURA DE LA RISA
Por otro lado, ¿el humor se incluye en las políticas culturales?. ¿Qué lugar ocupa?. Para Mena, ''para discutir el tema, primero tendrían que existir las políticas culturales. No creo que existan políticas culturales organizadas en ningún nivel del estado argentino, sólo alguna buena intención por ahí. En los organismos estatales hay muchos ''hombres cultos'' que piensan que la cultura es ir al teatro de smoking y moñito y no se calientan por llevar una obra de títeres para los chicos de un barrio''.
''Además -agregó- cuando haya política cultural podremos pensar si incluir o no al humor en ella. Yo particularmente creo que debe formar parte de una política estructurada, porque hasta hoy el humor se ha utilizado más comercialmente que culturalmente''.
UNA FORMA DE VIDA
Buscando las razones para sentirse un humorista, ''Beto'' Mena indicó que ''hay tipos que nacen con facilidad para escribir, otros para cantar, otros para hacer reir a la gente. En mi caso no me siento para nada gracioso fuera del escenario, creo que es un mito eso del humorista que está todo el día de joda. Me preocupa la inseguridad y la miseria igual que a cualquier otro, tengo problemas como cualquier persona, pero arriba del escenario trato de olvidarme todo y conectarme con la gente''.
También expresó que ''para mí el humor es un juego, me subo al escenario rescatando la parte infantil que llevo adentro. Y como también trabajo en un movil periodístico, tengo ese balance del contacto con la realidad. Trato de informar con algo de humor en los temas que lo permiten. Uno también puede ser crítico a través del humor''.
¿Cómo es el público marplatense?. Para Mena, ''se cree que el público marplatense es frío, jodido. No es tan así. El público es muy cambiante en cualquier lugar. Creo que el marplatense no tiene la velocidad, la locura del porteño, y eso es bueno. Las actitudes son distintas''.
El humor es un oasis que tenemos que permitirnos en medio de la vorágine cotidiana. ''Beto'' Mena es uno de aquellos que ponen un grano de arena para que la vida pueda ser más vivible. 


LITERATURA
LOS HIJOS DE LA MENTIRA

El historiador Hugo Chumbita desarrolla en su último libro una interesante teoría: la condición de mestizos de San Martín, Yrigoyen y Perón habría impulsado a los movimientos populares más importantes de la historia argentina.

''Hijos del país. San Martín, Yrigoyen y Perón'' es el último libro de Hugo Chumbita. Este investigador, profesor de Historia Argentina y Latinoamercana en la Universidad Nacional de La Pampa y de Derecho Público en la UBA, obtuvo el Premio Mallea del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires por su libro ''Jinetes Rebeldes''. 
Chumbita presentó recientemente su último trabajo en Mar del Plata, en el que traza una especie de genealogía de los movimientos populares en la Argentina, a partir de la reconstrucción de la historia familiar de sus tres líderes más representativos. 
Especialista en poner en duda el valor de aquellos tesoros más intocables de la historia oficial argentina, Chumbita defiende en ''Hijos del País'' la idea de que San Martín, Yrigoyen y Perón comparten origen indígena por vía materna. Esta condición sería el motor de sus luchas sociales. 
Para el historiador, ''la formación visceral de estos tres líderes, su parte más emotiva, la pasión eficiente que mueve sus actos proviene sin dudas de su costado materno indígena. Y eso se manifiesta en la rebeldía de San Martín frente a la colonia, y en la de Yrigoyen y Perón contra una sociedad dominada por una casta''.

Madres de tierra adentro
Aunque pueda discutirse, por ejemplo, si durante el gobierno de Perón el país no fue dirigido nuevamente por una casta, o si Yrigoyen utilizó métodos ''populares'' en las matanzas de obreros durante su mandato, la hipótesis de Chumbita es, por lo pronto, interesante. Se basa en documentos descubiertos hace poco tiempo, tradiciones orales, indicios y hechos estudiados bajo una nueva mirada. 
Según esta tesis, los tres líderes registran características en común: fueron caudillos carismáticos, utilizaron logias y grupos secretos para sortear escollos políticos y guardaron bajo llave la cuestión de su origen. Esto se debe, según Chumbita, a la negación de su costado indígena. 
Para el investigador, ''existe una deuda de la historia argentina con esas madres indígenas, esos vientres de América que gestaron a sus principales hombres''. ''Es hora -agregó- de que dejemos de contar la historia de los héroes sólo del lado de los vencedores''. 
Chumbita cree (con acierto) que el mal de los argentinos proviene de un origen oscuro, lleno de engaños, basado en el delirio de una ''Europa en América'' que tenía cimientos tan débiles como irreales. Esa repulsión de la clase dirigente por nuestras raíces indígenas llevó, entre otras cosas, a la pérdida de una verdadera identidad y al genocidio contra los pueblos originarios durante la ''Conquista del Desierto''. 

Los nuevos brotes
Con respecto al tiempo que nos toca vivir, Chumbita también tiene una posición tomada: ''hace falta generar una fuerza política nueva como la de Yrigoyen o Perón. Kirchner llegó sin apoyo real, y al movimiento piquetero le falta una estructura de partido, una propuesta global. Creo que ambos son frutos del 20 de diciembre de 2001, ese gran estallido a partir del cuál comenzaron sin dudas los procesos que desembocarán en un nuevo movimiento''. 
Para el investigador, lo más destacable en la Argentina del último tiempo es ''el logro de un proceso de cambio más orgánico y pacífico. La violencia llevó en un momento a que la política sea casi inviable en la Argentina. Hoy se abre una nueva posibilidad de hacer política por medios que son más sustentables. Ojalá que nunca más sea necesario volver a los fierros, antes quizás no existía otra posibilidad'', expresó. 
Quizás la paz con justicia social, esa hermosa utopía que parece inalcanzable en la Argentina, llegue algún día de la mano de una reivindicación del legado aborígen y de tantas otras asignaturas pendientes. Porque es imposible construir un futuro con un pasado que aún lastima y confunde, y que regresa a diario como una pesadilla furtiva.



MAR DEL PLATA, 
CIUDAD DE COVERS

Escriben Juan Castagnari y Marcelo Baltar



Desde hace varios años Mar del Plata ha incorporado en sus propuestas nocturnas la posibilidad de ir a escuchar a bandas de covers, aquellas que interpretan canciones conocidas de otros artistas. Se nota una gran proliferación de grupos que tocan en bares de la ciudad con un repertorio que transita desde los gastados “clásicos” del rock nacional hasta la trova cubana, pasando por el pop de los 80 hasta cantautores españoles como Serrat y Sabina. Algunos están formados por músicos de primer nivel, y otros por improvisados “guitarreros de fogón” que llevan la colección completa de Cantarock y Toco y Canto bajo el brazo. 
La existencia de estas bandas no es una novedad en la ciudad; en la década del 80 ya sonaban San Francisco y Télex, entre otras; sin embargo en esos años la cantidad era muy inferior a lo que se ve actualmente.
El fenómeno llegó a un punto tal que hoy en día hay músicos que se dedican a hacer “tributo” a determinados conjuntos o solistas, algo que hace 20 años era impensado y que sólo tenía referencia en algunos imitadores de los Beatles, como los uruguayos Danger Four. 
Hoy por hoy se nota que el cover es ofrecido por los bares como una especie de valor agregado estrategia de marketing mediante de manera tal de ofrecer un “combo” atractivo para convocar a la mayor cantidad de público posible. 
A pesar de que los locales en los se puede tocar covers son innumerables, el circuito para aquellos novatos que quieren mostrar temas propios se ve reducido literalmente a dos o tres lugares. Actualmente son muy pocas las bandas locales que tienen un poder de convocatoria que les permita ganar dinero haciendo temas propios. 


Será la música mi techo y mi comida. Sin lugar a dudas para los músicos de la ciudad interpretar covers es una alternativa económica importante, ya que en muchos casos brinda la posibilidad de poder vivir dignamente de la música. 
En el número 5 de EL TÁBANO, el tecladista de La Guzman, Ignacio Subirós, explicó que ellos tocan entre 4 o 5 veces por semana y cada músico percibe alrededor de 30 pesos por show. Según él se gana entre 100 o 120 pesos por semana. “Es un sueldito. Tocar con un mango en el bolsillo es mejor, uno toca con las mismas ganas pero con otra sensación. Sentís que te valoran lo que hacés desde el lado monetario y no solamente con el afecto. A la larga con el afecto no comés. Yo apostaba a la música y siempre perdía plata”.
La posibilidad de trabajo para estos músicos no se cierra solamente en el circuito de bares. Fiestas, cumpleaños, casamientos, despedidas de soltero, son algunas de las posibilidades que tienen estos grupos en su rol de entertainers. Contratar a uno de estos grupos cuesta entre 60 y 200 pesos, según la propuesta y la cantidad de integrantes. 

La otra cara de “las monedas”. Contrariamente a este panorama “feliz”, existe una realidad distinta para aquellos que decidieron interpretar sus propias canciones. A diferencia de los grupos de covers, que son contratados por una suma fija, estos músicos encuentran su “ganancia” en un porcentaje de las entradas, que pocas veces alcanza a cubrir los costos fijos de un recital. 
Hacer un show de manera profesional requiere gastos ineludibles: sonido, flete, difusión, prensa, luces, afiches, SADAIC, etcétera, por lo tanto son pocos los grupos que pueden obtener una ganancia significativa, o al menos salir hechos. 
Mientras que el público de covers es masivo, heterogéneo, espontáneo, casual, en estos otros conciertos se observa un público minoritario, homogéneo, que se repite cada fin de semana.
Debido a la dificultad de sanear los costos fijos de un recital, muchas bandas suelen agruparse en festivales para entre todos distribuir la pérdida o ganancia, y reunir mayor cantidad de gente, y no solamente el público de favor constituido por allegados a los músicos. 
No obstante esto, la perseverancia, la profesionalidad y el talento han permitido que varios artistas locales tengan el privilegio de lograr un alto poder de convocatoria y prestigio dentro y fuera de la ciudad tocando su propio material. Los Super Ratones, Dios Los Cría, Los Caballeros de Pedro Juan, Mal de Parkinson, Ubika, Loquero, son claros ejemplos. 

Una que sepamos todos. Además de la posibilidad económica y el placer de estar arriba de un escenario ¿existe en los artistas de covers la misma necesidad de expresión, de experimentación y de trascendencia que manifiestan aquellos que interpretan sus propias canciones? 
Queda claro que muchos de estos músicos forman proyectos alternativos, menos populares y menos rentables, para satisfacer una necesidad creativa que sólo se logra plasmando los sentimientos en sus composiciones. 
El cantautor e integrante de la famosa Trova Rosarina, Adrián Abonizio, en una de sus habituales visitas a Mar del Plata se sorprendió de la cantidad de bandas de covers existentes. “Yo donde voy toco lo mío, no me queda otra, es lo que me eligió a mí. El músico tiene que morir en la que es, músico”, comentó. “Después están las tentaciones que son Operación Triunfo, publicidad, música para chocolatines, etcétera. Las trampas existen y son fáciles de sortear, es decir sí o no. Si decís sí ya no podes decir no. Yo dije que no de entrada y me banco lo que quiero hacer”. 
En este punto cabe plantearse por qué la preferencia del público marplatense por escuchar canciones ya conocidas. Tal vez la respuesta haya que buscarla en ciertos lineamientos de los intelectuales de la contracultura, que allá por los años '60 se opusieron firmemente a la dualidad entre artista y espectador, y propusieron que todos fueran protagonistas del hecho artístico, para que éste dejara de ser un acto de contemplación para ser un acto de participación. Las consecuencias de esas ideas fueron criticadas por el catedrático argentino Jorge Bosch en su libro “Cultura y Contracultura”, que relaciona cierta decadencia actual del arte con esas premisas para él demasiado “demagógicas” y “populistas”. 
Esa complicidad entre el artista y el espectador que plantea la contracultura se ve claramente reflejada en un espectáculo de covers, donde el público participa coreando canciones que ya conoce, y más aun solicitando y por qué no exigiendo a gritos sus temas favoritos. 
Marcos Tarchini, baterista de Factor X y Nesia dos bandas locales relativamente jóvenes está convencido de que la gente “prefiere los covers porque le importa que sean temas conocidos o de moda para poder cantarlos. Lo que menos le importa es la habilidad musical. No les interesa que uno se mate por aprender a tocar. A mí no me interesa tocar covers, prefiero salir, hacer lo mío y divertirme”.
Y por su parte el rosarino, autor de “El témpano” y “Mirta de regreso” justamente dos infaltables covers de fogón cree la respuesta a este interrogante se encuentra en la dificultad de que el público asimile canciones nuevas y desconocidas. “La gente quiere un descanso escuchando algo de Silvio Rodríguez o de (Joaquín) Sabina. Pero ellos están en su casa y les importa un carajo el homenaje que se les haga”.
En la búsqueda de respuestas al fenómeno de los covers, cabe plantearse si la estructura de la ciudad, marcada históricamente por el turismo, genera consecuencias. Si consideramos el carácter vacacional que tiene la ciudad veremos que el cover encaja en el tipo de propuestas lúdicas que suelen ofrecer los lugares balnearios. Tal vez en Mar del Plata se tienda al espectáculo musical en su aspecto de entretenimiento y no tanto en un hecho cultural, desvirtuando la situación tradicionalmente "cultual" (o ritualista) que propiciaba cualquier hecho artístico, y derribando la parte "romántica" de un arte nuevo que quiere llevarse el mundo por delante.
También ciertos mitos parecen poner una barrera para el desarrollo del éxito genuino en muchos músicos locales. La frase "Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires" parece ser un karma que asusta a quienes tienen la posibilidad de trascender las fronteras de General Pueyrredón. Muchas bandas, ante el impedimento de radicarse en Capital Federal en busca de mayor convocatoria, quedan atascadas en Mar del Plata y terminan por disolverse, cortando una carrera encaminada a una consagración de nivel nacional. 
Entonces la falta de referentes locales en el "mainstream" del rock nacional parece haber generado cierta comodidad y falta de proyectos en los músicos locales, quienes pasados los treintaypico siguen gozando arriba de un escenario pero desde un lado seguro, desde un cachet fijo con el que ya no tienen que asumir riesgos.

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